Síndrome del perro negro

Quiero comenzar el blog con esta entrada porque, en el “mundo” de las terapias con perros, también sufrimos este síndrome.

Recuerdo hace algunos años, cuando compartía vida y trabajo con una labradora negra y tenía también a mi labrador blanco, íbamos por la calle con los perros y nos cruzamos con una familia. Al ver a la labradora negra los niños se asustaron y los padres los apartaron en seguida, sin embargo al ver al blanco fueron todos corriendo a acariciarle.

La Asociación Antropológica Kroeber de la Universidad de Berkeley ha estudiado este fenómeno, llegando a la conclusión de que existen diversos motivos:

El primero de ellos es el cultural: en cualquier película en la que se quiera representar un perro amenazador, veremos un gran perro negro. Este estereotipo se encuentra tan grabado en nuestro inconsciente que difícilmente creeríamos que un perro es peligroso si nos mostraran un perro blanco.

El color negro absorbe la luz, lo que reduce la definición de sus rasgos y “dificulta la lectura de sus expresiones faciales”. Por supuesto, los que hemos convivido con un perro negro sabemos que un perro negro es igual de expresivo que uno blanco. Un perro negro es exactamente igual a otro de cualquier color.

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